20 de Noviembre, 2017
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74 dibujos de Picaso se exhiben en el Malba

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 Concebida para comprobar la importancia radical que Pablo Picasso le concedía al dibujo, y al mismo tiempo para detectar una cierta arbitrariedad en las etapas que segmentan sus períodos creativos, a partir de mañana se podrá ver en el Museo de Arte Moderno (Mamba) una muestra que reúne 74 obras creadas por el artista español desde que tenía 16 años y hasta un año antes de su muerte.

 
"Cuando pinto, mi objetivo es mostrar lo que he encontrado, y no lo que busco", aseguró alguna vez el autor del "Guernica". Detrás de esa formulación, escueta pero contundente, se insinúa la secuencia que articula los distintos momentos de su creación y el rol que desempeña el dibujo como catalizador de sus búsquedas estéticas.
 
Picasso dibujaba frenéticamente. Lo hacía en pequeños cuadernos que llevaba siempre encima -se han detectado unos 175 de ellos intervenidos por su mano inquieta- y en otros más grandes, cosidos o con espiral, que atesoraba en su estudio para realizar bocetos de óleos o esculturas.
 
Su trazo preciso, por lo general de una sola línea sin vaivenes ni retrocesos, funciona como un laboratorio que pone en diálogo inquietudes fugaces, dilemas estéticos o viejos pensamientos adulterados por el paso del tiempo.
 
"Pablo Picasso: más allá de la semejanza", la muestra que desde mañana y hasta el 28 de febrero se podrá ver en el Mamba, permite acercarse al proceso creativo del artista para detectar un correlato entre sus investigaciones sobre la representación de la figura y la transición que lo lleva a abandonar progresivamente la concepción figurativa para experimentar con la abstracción.
 
"En estos trabajos se puede ver a Picasso transitando cada una de sus etapas creativas: los ecos de su residencia alternada entre Barcelona y París, su encuentro con los artistas de vanguardia de la época, sus investigaciones sobre el cubismo, su interés por el surrealismo y sus respuestas a la Primera y Segunda Guerra Mundial y el franquismo en España. También hay rastros de su relación con las mujeres, su obsesión por el cuerpo y su compromiso con el hombre", destaca a Télam la directora del Mamba, Victoria Noorthoorn.

"Tuvo una libertad única para abordar, su experimentación fue constante. Fue un artista que siempre se reinventó y nunca se repitió. Pasó toda su vida buscando entender qué significa el ser humano, ese ser humano que a través de su arte aparece representado sucesivamente como un animal, un monstruo o un objeto de análisis", explica.

A principios de año, Noorthoorn viajó al Musée National Picasso de París para seleccionar 74 obras sobre las más de 5.000 que integran el acervo de la institución. "Elegimos las que consideramos que representan los muchos intereses del artista. Aquel que recorra la muestra podrá ver una obra que refiere su afición por la Barcelona temprana o la influencia de otros artistas que él admiraba como Ingres, Matisse o Dearin, y hasta sus trabajos con Georges Braque para entender cómo mirar al hombre desde otro punto de vista", señala la curadora.

Al propósito más obvio de acercar al público a la primera retrospectiva de dibujo de Picasso realizada en la Argentina, la muestra del Mamba cumple un cometido más ambicioso todavía, que consiste en desarmar sutilmente algunas de las categorías habituales que los historiadores del arte han utilizado para descomponer la producción del malagueño.

"Acá se pasan por alto algunos criterios ya establecidos y nos enfrentamos en cambio a una obra totalmente orgánica que mantuvo sus obsesiones. Picasso no creía en la evolución del arte. Cada una de sus etapas es una nueva instancia para volver a plantearse por qué responder de determinada manera frente al mundo. En ese marco, creo que no se interesó por la abstracción como fenómeno de vanguardia sino que su inserción en ese movimiento forma parte de esa obsesión por el ser humano de la que nunca pudo alejarse", analiza Noorthoorn.

La muestra arranca con tres dibujos fechados en 1897, cuando Picasso tenía 16 años y se muestra interesado por retratar la efervescencia de Barcelona, una pasión que se desglosa en escenas de cafés, burdeles y algunos retratos. Son los años de "Hombre sentado con bastón y máscara", obra que permite adivinar la influencia de Toulouse-Lautrec y el anuncio de lo que se conocerá luego como el "período azul".

"En este período se ve a un Picasso muy melancólico que aparece muy cerca del objeto, intentando descifrar el dolor. Este tiempo que trabaja sobre el ser humano le permite después tomar una distancia que se transformará en fundamental para la historia del arte, porque lo va a llevar al cubismo y marcará también la aparición de su interés por el arte africano", apunta la curadora.

La próxima escala reveladora remontará al espectador a 1906, con "Estudios para un autorretrato", un dibujo que prefigura la deriva estética que sentará las bases para el surgimiento del cubismo y de la obra que sella la consagración del artista: "Las señoritas de Avignon" (1907), el célebre retrato de cinco prostitutas desnudas que simbolizaba un rechazo a la sociedad de clase media de aquellos tiempos y la aceptación de la libertad sexual.

"En este período se ve cómo Picasso, que producía una gran pintura por año, empieza a dialogar con lo que estaban haciendo otros artistas a su alrededor como Ingres o Matisse. Es interesante ver cómo responde a su entorno y a sus propios intereses. A propósito, siempre nos han enseñado que la primera obra abstracta fue realizada por Kandinsky entre 1910 y 1911. Pero acá estamos frente a dos dibujos de Picasso que muestran una utilización más temprana de la abstracción", apunta la curadora.

Hacia 1926, el surrealismo despunta con fuerza en la producción del artista, tal como se evidencia en "Mujer sentada en un sillón" y "Cabeza de mujer", que ensaya variaciones posibles sobre la anatomía de su amante Marie-Thérese Walter y vuelve visibles sus obsesiones por las posibilidades inagotables de la figura femenina, que Picasso desintegra, ensambla o transforma.

El período que arranca en la década del 30 da cuenta de la fascinación del artista por explorar la relación entre el hombre y el animal, un vínculo que adopta componentes metáforicos cuando en pleno ascenso del nazismo al poder su producción se nutre de felinos, toros y minotauros, para luego bifurcarse en morfologías distorsionadas, como se aprecia en "Quimera" (1935).

Hacia 1954 Picasso retoma algunas formulaciones presentes en la obra de Matisse o Delacroix (como grafica su "Estudio para Las mujeres de Argel según Delacroix"). En ese punto la muestra deja en suspenso la creación de las dos décadas posteriores para situarse en el punto culminante: "Mosquetero con guitarra y cabeza", un dibujo que Picasso realiza un año antes de morir.

La exposición que se podrá ver en San Juan 350 (CABA) hasta fines de febrero estará acompañada por un catálogo que incluirá alrededor de 150 obras de Picasso, textos curatoriales de Victoria Noorthoorn y la francesa Emilia Philippot -la otra curadora de la muestra- y un texto del historiador Marcelo Pacheco sobre la presencia histórica de obras del artista español en la Argentina.
 
Fuente: Télam