17 de Noviembre, 2017
Radio Mercosur
Opinión

VENEZUELA AL BORDE DEL COLAPSO

Por Jorge D´Amario Cané

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Con un poder absoluto hasta a un burro le resulta fácil gobernar
Lord Acton (1834-1902) - Historiador inglés.

 

Los países y sus pueblos, no siempre son responsables de las locuras fratricidas de los pseudopolíticos  que los gobiernan. El voto es el único método legal que tienen los electores para "demostrar su confianza en el candidato".

 
Esto, seguramente lo pensaron los electores que con su voto, le dieron paso al primer gobierno de Hugo Chávez Frías, aquel 2 de febrero de 1999, sin imaginar que ese voto, inocente y esperanzado de los venezolanos, daría paso a un régimen autodenominado socialista que demostró con creces que estaba preso de una alienación política, de una voracidad por el Poder y prepotentes metodologías que todos desconocían. Pero el voto, no es ni fue nunca una carta blanca per in eternum  para un candidato político. Es, fue y será siempre una vía libre para sólo un período de gobierno, no para toda la vida.
 
Todos los desaguisados políticos realizados en Venezuela por Chávez, fueron actitudes sordas y demagógicas de alguien que confundió los conceptos de la transitoriedad del mandato, que la democracia con la que triunfó en las elecciones tenía, tiene y tendrá límites y contenidos que todo gobernante que se precie, debe respetar. Incluso, la alternancia en el poder.
 
En su locura galopante, Chávez, creyó que "todos los venezolanos" lo votaron para siempre. Y desde el Poder político, atacó discursivamente a cuantos países no comulgaron con su despotismo ilimitado y sus abusos de autoridad. Desde su desfachatez despreciable, atacó en primer término a EEUU, a quien Venezuela mucho le debía desde siempre. Chávez no conocía qué cosa era la historia. Echó por tierra las relaciones con países que fueron tradicionales amigos y atendibles contertulios en los foros internacionales. En lugar de aprender, se dedicó a insultar y ofender, gratuitamente, a líderes de otras países con los que no coincidía ideológicamente;  en lugar de entender y sacar conclusiones coherentes, se encapsuló tercamente en un pensamiento delincuencial que le costó a Venezuela la vida de cientos de ciudadanos asesinados sin piedad por la fuerza bruta de la Guardia Bolivariana, y atacando a la base de sustentación de su economía como lo eran las medianas y grandes empresas, ejes del equilibrio económico financiero de un pueblo, estableciendo férreas restricciones a la producción y a la libre exportación de sus productos y a jugar a la ruleta rusa con el petróleo, su mayor fuente de ingresos. 
 
Vendió a sus países "amigos" y acólitos de sus alienaciones, petróleo a precio vil, regaló barcos repletos de combustible y realizó un manejo discordante de las divisas que por ello obtenía. Con los mercados tradicionales cerrados, con el alejamiento de la apoyatura de otros países que veían cómo se despedazaba día a día la Patria de Bolívar a manos de un delirante, engreído político  que bailaba mientras la Guardia Bolivariana apaleaba a los ciudadanos que ya sufrían la grave situación que se les venía encima, Chávez seguía agrediendo la moral del  “ Imperio y Compañía” sin reparar que tenía varios frentes de conflicto abiertos mucho más peligrosos y cuyo final preveía el mundo, menos su mente enferma de poder y de derroche. No se dio cuenta que Rusia sólo le podía brindar armas. Mientras tanto, Irán y otros países de la región sólo le ofrecían la guerra sin aportarle ni alimentos, ni medicamentos, ni  estabilidad económica.  Chávez fue cayendo políticamente encerrado en los límites de su país, del que sólo salía para llorar con Castro su desventura y su desazón; el socialismo del que tanto esperaba, ya estaba declinando en Rusia y en el mundo y caería de a poco en una depresión insondable, sumiendo a sus habitantes en el hambre, en los palos de la Guardia Bolivariana y en las mínimas necesidades insatisfechas por la carencia de todos los insumos. Lo mejor que le pudo ocurrir al geniecillo fantasmal de Chávez, es que terminara sus días más prontamente de lo que él mismo lo esperaba.
 
Chávez se fue bastante antes de lo que "oficialmente" se dijo, porque su hijo dilecto, Nicolás Maduro, necesitaba tomarse un tiempo para acomodar todas la piezas del rompecabezas que le dejó su "padre político" y para continuar con el degüello político, económico y social de Venezuela, que este aprendiz de Rasputín recibió sin experiencia ni preparación de ningún tipo.
 
Y Maduro se transformó -por miedo a que todo le saliera mal, a no poder con el desastre que recibió y a no entender que las enemistades ganadas por Chávez no le servían a Venezuela-, y enfrentó la situación apoyado por la violenta Guardia Bolivariana que apaleaba al pueblo para amedrentar a los atrevidos que protestaban en las calles por hambre, apoyado en los discursos nazis en los cuales siguió el guion de Chávez insultando a los EEUU y a otros países capitalistas y alejados del chavismo ideológicamente, y con el mercado internacional del petróleo prácticamente cerrado. 
 
Maduro quiso ser más papista que el Papa. Destruyó definitivamente las relaciones con el país del norte -al cual llamó como Chávez"el imperio"- y a todos cuantos no coincidían con sus conceptos políticos. En un rasgo de altanería propio de los gobernantes ignorantes, brutos e iletrados, aprovechó para atacar a los gobiernos que no le eran afines, gobiernos que históricamente brindaron apoyo a los venezolanos con alimentos, con medicamentos y otros muchos productos en un intercambio financiero sano y positivo. Le dio la espalda a EEUU, a Alemania, a Gran Bretaña, etc. etc. Pero logró alianzas inútiles con Rusia -enredada en su propia telaraña política y social- y con países del este europeo que no desarrollaron productos necesarios para mejorar la vida de los venezolanos, sino armas y pertrechos bélicos.
 
Venezuela hoy necesita comida y sólo Uruguay y algún otro país solidario le hace llegar alimentos en pequeñas cantidades. Pero Maduro, el inmaduro y terco alumno de Chávez, sigue sin abrir los ojos, ni la mente, ni las fronteras. Después de todo el desastre provocado a las relaciones con los países más importantes del mundo, Maduro sigue vociferando como lo hacía Hitler en su momento, contra quienes podrían salvar a su pueblo del hambre y la lenta muerte por inanición. La locura del sucesor de Chávez, ya no tiene remedio. El mundo clama por los venezolanos que sufren y se angustian. En medio del hambre, de la inseguridad, del miedo a la represión, de las enfermedades que azotan al pueblo sin medicamentos, las familias venezolanas no tienen a quién pedir ayuda porque el déspota y alienado de Maduro, se empeñó en una lucha contra el mundo,  en  un caprichoso camino hacia la inevitable destrucción de su país. Es el mismo diablo disfrazado de ser humano.
 
Como si ello fuera poco, Maduro ahora enfrenta otro problema que le terminará de cerrar la última puerta que le queda para recibir ayuda para su gente: las puertas del Mercosur han empezado a cerrarse y el 2 de diciembre se terminará de cerrar con la última vuelta de llave que lo dejará afuera del bloque sudamericano, ese que pudo ayudarlo pero al cual Maduro enfrentó, insultó y despreció de todas la formas, en incontables oportunidades como si fueran sus peores enemigos. 
 
El Mercosur, que ya pasó por varios papelones a causa de sus errores políticos y diplomáticos desde su fundación, puede tener ahora la oportunidad de resarcirse de aquellos, eliminando a Venezuela de su recinto. Maduro ha demostrado que como presidente de Venezuela, ha sido un buen conductor del micro de Caracas.
 
Seguramente, a Bolívar no le hubiera ocurrido esto jamás. Bolívar nunca hubiera enfrentado con sus soldados al pueblo de su Patria. Jamás hubiera asesinado a los hombres, mujeres, ancianos y niños venezolanos, porque su destino era la unión y la paz de su Patria. 
 
Chávez y Maduro, ciegos de poder y enfermos de codicia, hicieron lo que jamás Bolívar se hubiera atrevido ni a concretar ni a pensar, siquiera, en atentar contra la vida, la libertad y el futuro de sus hermanos venezolanos.
 
Jorge D´Amario Cané
Direcror Periodístico
jcane@radiomercosur.com