23 de Abril, 2017
Radio Mercosur
Política

La reelección acaba con la democracia en América Latina

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La experiencia histórica del caudillismo había hecho que en América Latina la mayoría de las nuevas democracias prohibieran o limitaran severamente la reelección presidencial. En ese arranque democrático de la década de 1990, el 89 por ciento de los países restringían la presidencia a un solo mandato o establecían la reelección diferida (un expresidente podía presentarse de nuevo después de un periodo de descanso). Hoy ese porcentaje se ha reducido al 50 por ciento: en la otra mitad de países se da ahora la reelección consecutiva para dos mandatos, con o sin posibilidad de regresar más adelante, o la reelección indefinida, extremo que era extraño al ordenamiento electoral latinoamericano.
 
Hay estudios que indican que la mayoría de los países con sistema de reelección diferida (Chile, Costa Rica, Panamá, Perú, Uruguay y El Salvador) ofrecen un mejor funcionamiento del estado de derecho, sufren menores niveles de corrupción y gozan de mayor estabilidad política. A la vez, quienes cuentan con reelección indefinida (Venezuela, Nicaragua y Ecuador) tienen una peor práctica institucional. Aunque es imposible establecer un argumento causal, podría afirmarse en todo caso que la liberalización en la reelección presidencial, cuando menos, no ha aportado mejoras sustanciales en la calidad democrática de América Latina.
 
«Invento latinoamericano»
 
Javier Corrales, uno de los autores de ese estudio, profesor del Amherst College de Massachusetts, destaca que prohibir la reelección o limitarla de modo drástico es «un invento latinoamericano, tal vez la contribución más importante a las normas de la democracia liberal que haya aportado América Latina».
 
Cuenta Corrales que esa restricción surgió en el siglo XIX porque las repúblicas americanas se llenaron de caudillos que pretendían, y muchas veces lograban, extenderse en el poder. Cuando en la década de 1990 fue superada la era de dictaduras y comenzaron a extenderse los sistemas democráticos, algunos países continuaron impidiendo la reelección o adoptaron la reelección diferida, pero en otros se relajó más la norma. En este tiempo también se ha extendido la modalidad de dos vueltas en las elecciones presidenciales, que ha pasado del 39 al 61 por ciento de los países.
 
«Hemos visto un neocaudillismo en la región. Algunos presidentes se vuelven tan populares que logran grandes permisos por parte de sus seguidores» para hacer aprobar proyectos de reelección presidencial, afirma Corrales. Para conseguir ese objetivo, esos presidentes se han dedicado «a debilitar a los partidos de la oposición, tornar a sus partido en movimientos obsecuentes y convertir a las cortes de justicia en actores de reafirmación más que de contrapeso». En su opinión, «tanto la demanda por relajar las restricciones de la reelección como la capacidad de los presidentes de conseguirlo son productos del neocaudillismo».
Forzar el ordenamiento electoral genera una confrontación política que luego persiste. «Su efecto negativo no tiene que ver tanto con la estabilidad como con la polarización», añade Corrales, quien constata que en los países donde hay reelección sin límites hay más polarización, y esta también surge en países con reelección diferida cuando un expresidente se postula.
 
Corrales muestra cierto apego a la idea original latinoamericana de poner coto a la reelección, también porque «ser reelecto como presidente o como expresidente siempre trae un costo: menos rotación en el poder, menos capacidad de hacer cambios necesarios para adaptarse a la realidad, menos oportunidades para el surgimiento de más liderazgo y, como dice el cliché, mientras más tiempo en el poder más oportunidad para abusar del poder o terminar corrompido por el poder».
 
Sin patrón
Menos proclive a una u otra fórmula es otro especialista, Manuel Alcántara, de la Universidad de Salamanca. Admite que podría haber una relación entre una reelección con restricciones y un buen desempeño democrático, pues los tres países de América Latina con mayor calidad de sus democracias, Costa Rica, Chile y Uruguay, permiten la reelección diferida.
 
No obstante, subraya la dificultad de generalizar, pues la región ofrece casos muy diversos. «No hay un patrón para hacer algo explicativo que estadísticamente sea relevante y, además, se corre el riesgo de quedarse en el corto plazo», advierte.
 
Por otra parte, Alcántara apunta que, más allá de la posibilidad de seguir en el poder que la facultad de reelección dio a las opciones políticas bolivarianas, lo que realmente ha hecho que el bolivarianismo se haya extendido en el tiempo ha sido sobre todo por dos condiciones que son difíciles que se den al mismo tiempo: «un periodo de crecimiento económico, con dinero fresco en manos de los gobiernos para hacer políticas de gasto público, y una generación de líderes carismáticos muy populares».
 
Alcántara estima que el debate sobre la reelección no es algo propio de Latinoamérica, sino también de países de otras regiones del mundo que tienen igualmente un régimen presidencialista. «El caudillismo, no es exclusivo de América Latina, por ejemplo lo tienen Filipinas, Tailandia o Indonesia», declara.
 
 
Fuente: Notiespartano/ABC