23 de Abril, 2017
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Mundo

LOS PERUANOS AFIRMAN CREER EN DIOS

El 92% de peruanos afirma creer en Dios. Sin embargo, solo el 72% se considera religioso. Un 3% es ateo.

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El Perú sigue siendo una nación en la que predomina la fe en Dios. En una encuesta de WIN International, realizada con apoyo de Datum Internacional, el 92% de peruanos expresó su creencia en Dios, mientras el 72% dijo que se consideraba religioso, el 20% no religioso y solo un 3% se declaró como ateo.
 
Dicho sondeo exploró las creencias religiosas de más de 66 mil personas en 68 países. A nivel global, mostró que seis de cada diez personas se consideran religiosas, la cuarta parte se ve como no religiosa, mientras que el 9% se señala como ateo.
 
Demostró, asimismo, que las ideas de religión, Dios, cielo, infierno, alma y vida después de la muerte están muy arraigadas en nuestro país, son parte de la cultura, es el motor de muchas vidas y es la esperanza de varios, sobre todo en momentos complicados.
 
Este estudio global sobre la prevalencia de las religiones en el mundo se dio a conocer en plena Semana Santa, cuando miles recorren iglesias, se golpean el pecho, van a misa, comen pescado y disfrutan de las tradiciones propias de la fecha.
 
Destaca que los países más religiosos son Tailandia, Nigeria, Kosovo, India y Gana, entre otros.
 
Peru21.pe - David Huamaní -
 
 
Sandro Venturo: La Semana Santa laica

“Ahora estamos invitados a la devoción cristiana. Por lo menos así era antes. Cuando era niño la muerte del Mesías proyectaba su sombra lúgubre en todo”.
 
En feriados como estos la ciudad tiene dos caras. En los barrios de sectores altos y medios las calles están tranquilas y los parques también. El ambiente es sosegado. Vas al cine o a un restaurante y no encuentras saturación. No es lo mismo en los barrios populares, allí las calles están alegres. Es como un domingo amplificado. La gente está afuera conversando, bebiendo, jugando, comiendo. Los negocios funcionaron (casi) normalmente el jueves y viernes para liberar a sus dueños el fin de semana.
 
Ahora los mercados bullen antes del almuerzo. El movimiento es alegre pues no lleva el estrés de cada día. Cuando hay días no laborales como estos, ambas ciudades tienen escala humana.
 
La noche previa al feriado es auspiciosa para el cariño. Muchos amigos se reencuentran. Mientras más tiempo haya pasado desde la última reunión, la probabilidad de que las emociones sean más intensas aumenta, para bien o para mal. En estos días los antiguos patas de la promoción, la cuadra, la parroquia, la asociación, el pueblo, la chamba, en fin, lo que corresponda, se toman las fotos respectivas para subirlas inmediatamente a las redes.
 
Luego quedan esas mismas imágenes para recordar más adelante a los que ya no están o a quienes extrañamos desde este pequeño y caótico lugar del planeta.
 
Los feriados de estos días son muy distintos a la Navidad o al Año Nuevo, donde el balance personal y el espíritu familiar se imponen. Ahora estamos invitados a la devoción cristiana. 
 
Por lo menos así era antes. Cuando era niño la muerte del Mesías proyectaba su sombra lúgubre en todo. O por lo menos así lo vivíamos en la parroquia del Sagrado Corazón de Lince y en nuestras familias. Se sabía que estaba prohibido manifestar cualquier exclamación de felicidad, además de comer carne y bailar. La Semana Santa debía ser estrictamente silenciosa, entregada a la oración y el recogimiento. Ya sabemos que dejó de significar hace mucho tiempo una oportunidad para refugiarnos del mundo moderno y sus invencibles tentaciones. Hoy es laica.
 
Algunos salen de viaje como si fueran vacaciones. Otros aprovechan para cerrar la temporada de verano, exprimiendo al mar. La mayoría participa de esas reuniones amicales o barriales que mencioné líneas atrás o se encierra para ver los capítulos de los seriales que tiene pendientes. Muy pocos vuelven a los rituales católicos para bajar el volumen de su vida. 
 
Yo pertenezco al grupo laico. Pero que haya renunciado a esa tristeza celestial no quita que aproveche esta involuntaria calma para escuchar realmente dentro de mí. Lo hago. Intento repasar mi camino. Y comprenderlo mejor, lo confieso con respeto, si me acompaña alguna amable bebida espirituosa.
 
Peru21.pe - Sandro Venturo