07 de Septiembre, 2017
Radio Mercosur
América

Con Trump en el poder la vida en la frontera "ya no es la misma de antes"

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     "Las cosas ya no son las mismas de antes. Pasa uno más tiempo haciendo fila en los puestos fronterizos que en Estados Unidos", afirma Julián, que realiza sus estudios de educación secundaria en San Diego y vive en Tijuana.

    Mónica, de 34 años, que vive en Ciudad Juárez y cruzaba anteriormente cada tres o cuatro días a El Paso, para trabajar en una tienda, ahora ya no lo hace por que dice tener miedo a que le quiten su "green card" o tarjeta de residente.
    Javier, de 45 años, que radica en Matamoros, pero trabaja cuidando ancianos en la vecina Brownsville, Texas, ahora ha perdido su empleo porque ha dejado de asistir ante la sicosis que existe sobre las deportaciones.
    La frontera entre México y Estados Unidos solía ser fluida, con un constante ir y venir de personas y mercancías, impulsando una dinámica vida económica motivada en buena parte por el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), vigente desde enero de 1994, que triplicó el intercambio entre ambos países.
    En la frontera entre Tijuana y San Diego cada año cruzan más de 13 millones de personas, convirtiendo a esta zona en la más transitada del mundo, y el intercambio de bienes asciende a unos 20.000 millones de dólares.
    Entre Ciudad Juárez y El Paso, gracias al auge de la industria maquiladora (ensamblaje) y su papel de conexión clave entre México y Estados Unidos el año pasado transitaron mercancías con un valor de unos 94.000 millones de dólares, de los cuales 41.000 millones correspondieron a importaciones y 52.000 a exportaciones.
    El tránsito de bienes por ahora parece ser normal, pero el de personas se ha visto totalmente perturbado, lo que también amenaza con afectar al turismo y sobre todo el comercio.
    Muchos niños y jóvenes viven en México y estudian en Estados Unidos, a todos los niveles, incluidas las universidades públicas, en grandes ciudades como San Diego, El Paso o Brownsville, pero con las medidas adoptadas por Trump, corren el riesgo de sufrir problemas en su formación académica.
    "Es la forma en la que podemos seguir educándonos. Al principio me molestaba perder tiempo en las revisiones, pero no puedo hacer nada, aunque a veces me hacen sentir como un delincuente", afirma Mario, de 19 años, que vive en Tijuana y Estudia en El Paso.
    El problema del comercio es otro de los más golpeados, pues las tiendas del lado estadounidense lucen totalmente vacías aún los fines de semana, en ciudades como San Antonio, la favorita de los mexicanos de clase media, procedentes de ciudades prósperas como Monterrey, capital del estado de Nuevo León.
    "Antes iba hasta tres veces por semana a Estados Unidos y ahora nada más un día por el temor a que te chequeen más o me vayan a quitar el pasaporte", señaló Santiago, de 40 años, que vive en Ciudad Juárez. Inclusive los propios estadounidenses que solían viajar con frecuencia a México para visitar las ciudades, comprar artesanías o comer en un restaurante a precios bajos, ahora lo hacen poco por temor a la hostilidad de los mexicanos.
    Inclusive casi un millón de estadounidenses, según cifras oficiales, suelen viajar cada año a México para adquirir fármacos de venta libre que no pueden comprarse en Estados Unidos sin prescripción.
    Además, este "turismo médico", suele aprovechar para acudir a consultas con médicos mexicanos que suelen cobrar tarifas más bajas o para practicarse operaciones que en Estados Unidos costarían una fortuna pero en México se realizan a precios razonables.
    Otra de las costumbres más comunes de los estadounidenses de la frontera es acudir al dentista en ciudades mexicanas del "otro lado", atraídos por los bajos precios de estos profesionales.
    Pero los estadounidenses han comenzado a dejar de trasladarse, en parte por la violencia y en parte por el temor a no ser bien recibidos, también porque muchos de ellos son de origen hispano y al regresar su entrada suele también complicarse. 
 
Fuente: ANSA