17 de Diciembre, 2018
Radio Mercosur
Zona Franca

PARQUE NACIONAL “SIERRA DE LAS QUIJADAS”, MARTE EN LA TIERRA

El Parque Nacional Sierra de las Quijadas, un paisaje digno de Marte que se abre en la provincia de San Luis, en el centro de la Argentina, invitan a recorrer y a estudiar la historia geológica de Sudamérica.

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     Pararse en el Potrero de la Aguada, la gran depresión desde donde se pueden comenzar algunas de las caminatas por las 73.000 hectáreas del Parque Nacional, es un pasaje directo a la era Cretácica y los orígenes de la vida en la Tierra.

    "El Parque Nacional Sierra de las Quijadas es reconocido por su valor paisajístico, con formaciones de millones de años de antigüedad, y es lo que mucha de la gente viene a ver", explicó Pablo Waisman, intendente del Parque Nacional.
    "Pero también tiene otros valores, como el paleontológico, ya que se han encontrado entre otros restos del pterodaustro, un reptil volador de 120 millones de años que es único en el mundo, y vestigios arqueológicos, como hornillos para la cocción de cerámica, de 7.000 años de antigüedad", agregó.
    "Se cuenta además que aquí se escondían los bandoleros que robaban el ganado a las tropas que llevaban los rebaños hacia el sur. Entre ellos el famoso Bairoletto, conocido como "el Robin Hood argentino", un bandido de frondoso prontuario conocido por robar a los ricos para dar a los pobres", explicó Waisman.
    A nivel ambiental, el Parque Nacional también se destaca "porque tenemos una parte de las Lagunas de Guanacache, parcialmente desecadas pero que han sido declaradas sitio Ramsar -es decir un humedal de importancia mundial- y están en proceso de recuperación", concluyó. Con frecuencia, el visitante que llega al Parque Nacional viaja desde Merlo, la localidad turística más conocida de la provincia, una pequeña joyita serrana conocida por las bondades de su microclima y a belleza del paisaje, pero también por su amplio menú de actividades de aventura.
    Al llegar, después de recorrer más de 200 kilómetros de ruta asfaltada desde Merlo y seis kilómetros de un camino de ripio en buen estado, los vehículos quedan donde comienza la zona de los miradores. Desde aquí comienzan varios senderos a pie: tres se pueden hacer solos, y dos requieren el acompañamiento de guías.
    "De los tres que se pueden hacer solos -dice el guardaparques Julio Santanatoglia, guardaparques de Sierra de las Quijadas- dos son más simples: Miradores, que tiene 1500 metros y requiere una hora de caminata para acercarse a distintos puntos panorámicos y a los Farallones; y Flora, que son 800 metros con señalización sobre la vegetación del lugar y se puede recorrer en unos 20 minutos de caminata".
    "Guanacos, el tercer sendero autoguiado, debe hacerse previo registro: por eso no hay cartel indicador en el comienzo de la senda, que solo se indica cuando el viajero avisa que comenzará a recorrerlo", observó. "Y finalmente los dos últimos senderos accesibles son con guía: Farallones una caminata de cuatro horas que llega al corazón de las altas paredes de piedra que caracterizan el parque, y Huellas del Pasado, que en dos horas de paseo permiten descubrir diferentes tipos de fósiles", agregó Santanatoglia. Carlos Rodríguez, guía de sitio, es un experto en estos senderos y las formaciones geológicas que atraviesan. "Hace aproximadamente 120 millones de años esto era un valle, rodeado de dos relieves -las montañas de San Luis, ahora llamadas Sierras Centrales, y las montañas del Desaguadero, que ya no existen- que formaban a su vez un relieve en negativo".
    "En esas partes bajas se produjo un proceso de sedimentación durante 60 millones de años. Cada capa se fue acumulando, oxidando, endureciendo y compactando con las superiores", detalló el guía. "Y al formarse la Cordillera de los Andes, por el choque de la placa de Nazca con la placa sudamericana, se generan muchos otros pliegues, como si fuera la alfombra de una casa: fue entonces que ese terreno lleno se sedimentos se comprimió y se levantó, formando las Sierras de las Quijadas, que tienen 35 millones de años: la misma edad de la Cordillera de los Andes".
    Hoy el recorrido es el túnel del tiempo: entre fósiles y formaciones milenarias habita sin embargo una fauna activa que sobre todo al amanecer y al atardecer se deja ver entre las rocas. Así aparecen las veloces maras o "liebres patagónicas", los choiques, los zorros y los majestuosos cóndores que sobrevuelan, inalcanzables, los cielos siempre diáfanos de esta región árida de enorme amplitud térmica y escenarios naturales dignos de un pincel maestro.
 
Fuente: ANSA