26 de Mayo, 2019
Radio Mercosur
Economía

EL PETRÒLEO CUESTA 15% MENOS, PERO NO IMPACTA EN LAS NAFTAS

Las refinadoras empiezan a dejar de tener pérdidas y pueden recuperar ingresos. Se desmorona el crudo en el mundo y podrían bajar los combustibles.

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BUENOS AIRES - Por una fenomenal baja en los precios del petróleo, las empresas refinadoras de petróleo, entre las que se cuentan YPF, Axion (de Pan American Energy), Raízen (que es licenciataria de la marca Shell) y Trafigura (que comercializa con Puma Energy, ex Petrobras), ya empiezan a dejar de tener pérdidas o, al menos, achicarlas al mínimo.
 
Según le comentó a El Cronista el CEO de una de estas compañías, la reducción en los valores del crudo permite a las refinadoras dejar de perder dinero y empezar, levemente, a aumentar sus márgenes.
 
Este mes, ese grupo pudo comprar la materia prima entre un 10% y un 15% más barato que en noviembre, aunque todavía resta ver si estos cambios en el mercado internacional redundan después en una fuerte baja en los precios de naftas y gasoil.
 
La semana pasada, el petróleo Brent (que se negocia en Londres y es la referencia para el mercado local) cerró por debajo de los u$s 55 por barril, y el viernes llegó a costar en un momento menos de u$s 53.
 
 
 
Las operaciones de comercialización entre productoras y refinadoras, en el caso de las no integradas, se negociaron para enero en torno a los u$s 55, por efecto de las retenciones, cuando a principios de la semana pasada valía u$s 60.
 
Se trata de una disminución de al menos u$s 10 o entre 10% y 15% en relación al precio que se pactó en noviembre para el petróleo a refinar en diciembre, que se comercializó en torno a los u$s 65 por barril.
 
 
Con el tipo de cambio relativamente estable en el mes (el 30 de noviembre el minorista del Banco Nación estaba a $ 38,60 por dólar, mientras que el viernes cerró en $ 39), la retracción en los precios de los combustibles líquidos que se venden en estaciones de servicio debería ser fuerte, aunque nadie se atreve a adelantar, por el momento, un porcentaje.
 
De todas maneras, habrá que esperar hasta las últimas cotizaciones del mes para luego proceder.
 
El valor del petróleo crudo representa cerca de un 80% del precio final de las naftas. De mantenerse la actual situación y en línea con lo que determine YPF, las refinadoras deberán decidir si pueden achicar sus pérdidas y empezar a recuperar lo perdido este año o trasladar la buena nueva al público.
Tal como contó semanas atrás este diario, las firmas que refinan y venden combustibles denuncian una pérdida en conjunto de entre u$s 1000 millones y u$s 1500 millones para todo 2018.
 
Es porque entre mayo y noviembre no pudieron aumentar lo que consideraban necesario en medio de una combinación de la devaluación y la suba de precios del petróleo.
 
En el peor momento de la "tormenta", a fines de agosto, la brecha entre los valores de mercado y los trasladados a los consumidores en las estaciones de servicio llegó a estar entre 25% y 30%. Así fue que en septiembre hubo cuatro incrementos que totalizaron un 24%.
 
Otras empresas consultadas contestaron que recién ahora están "llegando al punto de equilibrio", aunque eso no significa que estén dejando de perder dinero. "Todo el año corrimos desde atrás; la devaluación fue gigante y jamás se pudo pasar esa diferencia al surtidor", dijeron.
 
A su vez, sostuvieron que "hubo 14 aumentos de las naftas en el año porque no se pudo hacer todo en una, dos o tres veces", como entienden que hubiera correspondido.
 
Vaca Muerta, en peligro
 
Más allá de eso, los actuales precios en el mundo ponen una luz de alerta sobre el futuro de Vaca Muerta, la formación de petróleo y gas no convencional emplazada en la Cuenca Neuquina.
 
Algunos productores afirman que a menos de u$s 50 por barril, varios proyectos de extracción de petróleo -sobre todo aquellos que recién están en etapa piloto- no dejan buenos márgenes de ganancias y no justifican multimillonarias inversiones.
 
 
Sin ir más lejos, YPF diseñó su Plan Estratégico 2019-2023 con la proyección de que el crudo estaría entre u$s 60 y u$s 70 por barril.
 
Por todo esto, piden que en la comercialización local del petróleo no se aplique un esquema de paridad de exportación (export parity), que disminuye los precios internos por el efecto de las retenciones -apenas superiores al 10%, con este tipo de cambio-. En especial, porque el crudo liviano por el momento no se exporta.
 
El CEO de una importante refinadora, bajo reserva de nombre, explicó : "Las retenciones se aplican para todo. Si los productores lo exportaran, cobrarían lo mismo".
 
Un par suyo, en privado, agregó: "Hoy es más eficiente comprar el petróleo en Argentina". Sin embargo, no descartó que en un futuro próximo pueda pasar que el crudo producido localmente se exporte y las refinadoras argentinas importen petróleo o combustibles para el mercado local.
 
Fuente: El Cronista - Buenos Aires
Por  SANTIAGO SPALTRO
24-12-2018
 
 
 
La dependencia del petróleo, el gran drama de una Argentina deficitaria  
 
Argentina necesitará trece años para recuperar el autoabastecimiento energético que perdió en 2004, dependiendo casi exclusivamente de los resultados del megaproyecto Vaca Muerta, pero el país está condenado por las próximas décadas a su dependencia del petróleo.
 
El Gobierno nacional proyecta que la Argentina se aproximará al equilibrio en 2025 pero recién en 2030 podrá dar cuenta de autoabastecimiento y superávit como para poder volver a ser exportadora neta. 
 
Así se desprende de un documento oficial del Ministerio de Energía, que conduce Juan José Aranguren, presentado en el Consejo Federal de Energía desarrollado esta semana en Buenos Aires.
 
Aranguren y seis miembros de su gabinete fueron anfitriones de la cuarta reunión de este Consejo Federal. Participaron presidentes de entes reguladores (recientemente normalizados tras una década de intervención) y ministros y secretarios de 17 provincias. 
 
 
El rojo de la balanza energética fue de 2.877 millones de dólares en 2016 y subió un 13,7 por ciento en 2017, hasta los 3.272 millones de dólares.
 
Esto ocurrió en un contexto de menor producción de petróleo, altos precios internos de los combustibles y un mayor consumo.
 
Débil regulación
 
La crisis energética del país se inició a comienzos de 2004, en parte por las reglas de juego puestas en vigencia durante los años noventa, dejando todo en manos del mercado, con regulaciones débiles y precios dolarizados en un contexto de una moneda sobrevaluada por la Ley de Convertibilidad.
 
Luego, desde la crisis de 2001, las inversiones no acompañaron el vertiginoso crecimiento económico, lo cual determinó un aumento exponencial de la demanda. Durante la era kirchnerista, el déficit energético se profundizó alcanzando récords de 8.000 millones de dólares anuales en los años posteriores al estallido de la crisis financiera mundial de 2008.
 
 
 
El documento distribuido por el ex CEO de Shell señala que, teniendo en cuenta los escenarios óptimos de inversión previstos, la mayor disponibilidad de crudo generará en el futuro excedentes exportables de magnitud, que contribuirán a revertir la balanza comercial.
 
Para los escenarios analizados se llega a revertir la condición deficitaria en todos los casos hacia 2025, alcanzando hacia 2030 una balanza comercial superavitaria, de entre 0,1 y 0,4 por ciento. 
 
Según un estudio realizado por el ex secretario de Energía, Alieto Guadagni, la Argentina necesitará hasta unos 150.000 millones de dólares de inversión (contemplando las que se iniciaron ya en 2016) para recuperar la independencia energética, clave para su desarrollo económico.
 
 
El documento de Aranguren lo señala con claridad: el drama a resolver está en la matriz energética. Es que la característica más relevante de esa matriz radica en el grado de dependencia de los hidrocarburos, particularmente del gas natural.
 
Así, de acuerdo a datos de 2016 (los últimos definitivos disponibles), 89% de la oferta interna total de energía proviene de los hidrocarburos (57% gas natural, 31% petróleo y 1% carbón) quedando un bajo peso relativo de otras fuentes como la energía hidroeléctrica y la nuclear, aunque estas últimas revisten mayor importancia cuando se analiza la generación de energía eléctrica.
 
A su vez, las energías renovables no convencionales aún tienen una muy acotada participación. Según los números que reveló Aranguren ante empresarios en un evento reciente en Buenos Aires, la Argentina cubrirá el 20% de su demanda de electricidad con energías renovables antes de 2025, la fecha establecida para ese objetivo.
 
En los escenarios analizados a 2030 por el equipo de Energía, se plantea un incremento considerable de la participación de energías renovables, más que duplicando su porción relativa.
 
Ese incremento se debe al cumplimiento de la Ley 27.191 de Fomento Nacional para el uso de Fuentes Renovables (sancionada en 2015), sumado al corte de biocombustibles, que subirá del 12% actual al 15%. A su vez, el ingreso de la cuarta y quinta central nuclear impactará en el crecimiento de la participación de esta fuente. 
 
La energía hidroeléctrica aumentará levemente su porcentaje de participación con el ingreso de los 3 Gigavatios de potencia, llevando su participación al 5,4% del total de la matriz. Aun así, la dependencia respecto de los hidrocarburos seguirá siendo de entre 78% y 80%.
 
Por estos datos, la Argentina dependerá de Vaca Muerta, la principal formación de shale en el territorio nacional con un enorme potencial por sus características geológicas y su ubicación geográfica.
 
Esta formación se encuentra en la Cuenca Neuquina, al sudoeste del país, y tiene una superficie de 30 mil kilómetros cuadrados, de los cuales YPF posee la concesión de más de 12.000 kilómetros cuadrados.
 
Los resultados obtenidos por estudios de YPF confirmaron que Vaca Muerta tiene un enorme potencial para la obtención de gas (308 TCF) y que cuenta con recursos de petróleo que alcanzan los 16.200 millones de barriles, lo que significa multiplicar por diez las actuales reservas de la Argentina.
 
Fuente: Por Javier Álvarez - Corresponsalía Buenos Aires
 Los Andes – Mendoza - 24-12-2018