19 de Abril, 2019
Radio Mercosur
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EMPRESA ARGENTINA ENTRARIA AL NEGOCIO DE "REMEDIOS BARATOS"

Los denominados remedios "biosimilares" (copia de los medicamentos originales), serán, se dice, iguales o pafrecidos a los compuestos de sus marcas auténticas.

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La companía Insud anunció la creación de una nueva planta de trabajo enfocada en la fabricación de anticuerpos monoclonales. Por lo general, los anticuerpos monoclonales son grandes proteínas utilizadas por el sistema inmunitario para identificar y neutralizar objetos extraños, como bacterias, virus, etc. En el caso concreto de los anticuerpos monoclonales (mAbs) se trata de glicoproteínas producidas por el clon de una célula híbrida (creada a partir de la fusión de una sola célula madre del sistema inmune y una célula plasmática tumoral) y diseñada para atacar a un antígeno concreto. Suele aplicarse al tratamiento de enfermedades como el cáncer o la artritis reumatoidea.
 
La planta estará lista para operar a mitad de este año y demandó una inversión de US$ 60 millones. Estará ubicada en la localidad de Garín y se estima que tendrá una extensión de 7500 m².
 
 
El emprendimiento está siendo llevado a cabo por la compañía mAbxience, parte del Grupo Insud.
 
Mercados y negocios
 
Para la Argentina esto significa un paso más en la carrera por ingresar a un mercado global que se estima en US$ 11.000 millones.
 
Durante una entrevista a través de la red social reddit, el segundo hombre más rico del mundo explicó cuáles son las claves de su felicidad a los 60 años. 
 
La irrupción de los llamados biosimilares, productos farmacológicos de origen biológico en lugar de sintéticos químicos, está revolucionado el mundo del desarrollo y el comercio medicinal. Estos productos son clones o imitaciones de fármacos comerciales complejos que perdieron su protección comercial e intelectual. Pronto, el 70 por ciento de los medicamentos patentados con más revenue se enfrentarán a su contrapartida “bio genérica”.
 
De lo que se habla es de un evento comparable a la aparición de los genéricos en el mercado, solo que los llamados medicamentos biosimilares pueden imitar a fármacos más complejos como los que se emplean en los tratamientos oncológicos. “Es como un genérico pero utiliza técnicas biotecnológicas. Los productos sintéticos o de laboratorio no tienen  ciertas modificaciones ulteriores que los organismos vivos tienen como el agregado de azúcares. Se puede producir insulina de bacterias, pero la mejor es la que sale de las células de mamíferos”, explica Federico Prada, biólogo y director de la carrera de Biotecnología y Bioinformática en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
 
Las empresas invierten miles de millones de dólares en el desarrollo de este tipo de medicamentos, que suelen convertirse en lo que se denomina “blockbusters”: medicamentos que recaudan más de US$ 1.000 millones anuales. “Armar sintéticamente un anticuerpo en un laboratorio es imposible. Tienen una estructura muy compleja y muy grande, no se pueden crear con reacciones químicas. Se le tiene que pedir a una célula o hibridoma que fabrique el anticuerpo que se quiere. Porque se producen con un organismo o parte de un organismo biológico se llaman biosimilares o biológicos”, desarrolla Prada.
 
“Históricamente, las drogas se descubrían a partir de la botánica. Se encontraba un componente químico en una planta que tenía acción farmacológica. La química orgánica del siglo 20 creció mucho y permitió industrializar y realizar síntesis químicas para producir. Bayer encontró cómo producir sintéticamente la molécula del árbol de pino del que sale la aspirina”, expone Eduardo Spitzer, director científico de Laboratorios Elea y experto en biosimilares.
 
BAJO LA LUPA
 
Los medicamentos biológicos, entre los que se encuentran los biosimilares, están compuestos por grandes moléculas modificadas genéticamente. El tamaño de las moléculas es lo que  las vuelve tan difíciles de regular en comparación con su contraparte sintética, (el peso molecular) puede ser de 200 a 1.000 veces mayor en los biológicos.
 
Fue a principios del siglo pasado que empieza a trabajarse con productos biológicos como sueros o extractos a partir de un organismo vivo. “La pionera fue la insulina bovina. Se hacían preparados para los pacientes que eran extraídos del páncreas de las vacas. Ahí entendimos que algunas moléculas necesarias no se pueden obtener en escala productiva y,  en los años 1980, empiezan a aparecer herramientas moleculares de la biología para producir moléculas humanas en otros organismos. El primero fue la hormona de crecimiento recombinante que es la que se produce en la bacteria Escherichia coli. Se injertan genes humanos para que produzcan la proteína humana. Así nacieron las primeras drogas originales”, detalla Spitzer.
 
 
El resto, como dicen, fue historia. Al día de hoy, el mercado mundial de medicamentos mueve más de un billón de dólares (millones de millones), de los cuales US$ 220.000 millones corresponden a estos medicamentos biotecnológicos. Se trata del 21 por ciento del total y se proyecta que crecerá al 28 por ciento para 2020, según cifras que maneja la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (Cilfa).
 
 "Con la baja de precios el mercado crece porque más gente tiene acceso." -- Eduardo Spitzer, director científico de laboratorios Elea.
 
El empuje emergente de esta industria lo atestiguan las más de 80 moléculas terapéuticas que se desarrollaron en los últimos 10 años, que se suman a las más de 200 ya existentes a escala global. Pero los biosimilares apuntan al corazón de la industria farmacéutica: el desarrollo y la innovación.
 
No es poco el dinero en juego. Los grandes players invierten altas sumas de dinero para encontrar moléculas y activos que prometen convertirse en tratamientos efectivos para mejorar la salud. Destinan, en promedio —analizando las 15 principales compañías del mercado global— unos US$ 5.700 millones cada una, desde Roche (US$ 10.300 millones) hasta Takada (US$ 3.600 millones). Estas 15 líderes invirtieron en total durante el año pasado unos US$ 86.000 millones, cifra que asciende a US$ 120.000 millones si se incluyen las 37 empresas que relevó la consultora especializada Hardman Co. y que publicó en el primer trimestre de este año.
 
La tecnología de los biosimilares acarrea para el mercado el mismo efecto que los genéricos sintéticos tradicionales. La llegada de los biosimilares expande los mercados y genera competencia, lo que podría ocasionar una baja en los precios. Según Cilfa, se espera una reducción de los costos de entre 20 por ciento y 40 por ciento, lo que implica un ahorro de hasta US$ 100.000 millones en los próximos años solo en Europa y los Estados Unidos.
 
En el viejo continente hay 28 medicamentos biosimilares aprobados. En los Estados Unidos, únicamente cinco, y solo tras un torbellino de litigios y reclamos por patentes de parte de los laboratorios creadores de los medicamentos originales.
 
Pero el verdadero campo de batalla es el futuro cercano, porque varios biotecnológicos blockbuster perderán su protección de patentes en Europa y los Estados Unidos antes de 2020. En total, siete de los 10 medicamentos más vendidos en el mundo durante el año pasado se enfrentarán al lanzamiento de su biosimilar a corto plazo, según calcula la firma Evaluated Pharma.
 
Así, drogas como Humira (AbbVie), Rituxan, Avastin y Herceptin (Roche), Remicade (J&J), Enbrel (Amgen) y Lantus (Sanofi), cuyo valor en ventas asciende a los US$ 50.000 millones, conocerán por primera vez la competencia. Al acecho, hay cerca de 50 biosimilares que hoy están en desarrollo en el mundo. Previendo esto, los desarrolladores de los grandes laboratorios prepararon el terreno apuntando los cañones de la propiedad intelectual y, también, desarrollando marcas propias de biosimilares (Novartis tiene Sandoz; Pfizer tiene Pfizer Biosimilars… hasta Samsung tiene una división: Samsung Bioepis).
 
“Estamos hablando de los biosimilares ahora por la inminente caída de las patentes, pero hace tiempo existe la tecnología”, dice Esteban Corley, director de mABxiemce (ex Pharmadn), una empresa del grupo Insud enfocada específicamente al desarrollo de biosimilares. “Las empresas ahora llamadas biotecnológicas existen en la Argentina desde los años 1980. Biosidus fue pionero global en ingresar al mercado de biosimilares. En esos años se podían fabricar medicamentos similares a los de referencia porque la ley de propiedad no reconocía algunas patentes en el área de los biológicos y biotecnológicos. Esto sucedía en la Argentina y en el mundo”, agrega.
 
Lo que se defendía legalmente eran, por ejemplo, los procesos o el nombre comercial. “Había un tema fundamental en propiedad intelectual. Un biosimilar se hace introduciendo un gen humano en un sustrato biológico para obtener una proteína para uso humano; los genes no estaban patentados. Ahora para usar un gen producido por otro se necesita que no tenga patente”, relata Marcelo Criscuolo, director ejecutivo de Biosidus, la empresa más grande de biosimilares del país que factura US$ 80 millones anuales de los cuales un cuarto son por ventas locales.
 
Fue en ese contexto que se empezaron a vencer las patentes. “En 2006 se estableció un marco regulatorio y se emitieron los primeros lineamientos para producir biosimilares. En este momento se adoptó el nombre biosimilar y no genérico por la complejidad molecular de los productos. No podían ser genéricos clásicos”, aclara Corley. Para algunos, la cocina de ese proceso no huele bien.
 
 
“Varios productos salieron al mercado cuando todavía no existía ningún tipo de normativa. Hasta el año 2005 había registros de productos nacionales y esos hoy todavía representan 90 por ciento de los biosimilares de fabricación local”, enmarca Federico Montes de Oca, vicepresidente de la Asociación Argentina de Farmacia y Bioquímica Industrial (Safybi).
 
“A medida que la regulación avanza se crean marcos específicos, desde la necesidad de ensayos clínicos hasta pruebas de comparabilidad y eso hace que a las nacionales se les dificulte innovar o registrar biosimilares. Prácticamente no se hizo en los últimos años, solo se producen. No se alcanza la escala o el nivel de inversión para poder hacer los ensayos que ahora se exigen sobre todo porque el costo del producto de referencia es de US$ 10 millones en promedio”, critica Montes de Oca.
 
El debate científico sobre la regulación fitosanitaria de los biosimilares es, sin embargo, el menos problemático y los expertos locales concuerdan que los biosimilares que siguen las regulaciones son seguros. El problema radica en el ingreso de los biosimilares recién aprobados al mercado.
 
“Países como Finlandia, Holanda o Dinamarca argumentan que hace mucho se trabaja con biosimilares, como la insulina, y que pueden ingresar al mercado. Pero Francia o los Estados Unidos dicen que eso sería una locura, que no se puede cambiar un medicamento por otro sin pruebas clínicas”, dice Eduardo Mysler, miembro de la junta asesora del Centro Latinoamericano de Investigación en Biotecnología (Clapbio) y Codirector del Centro Organización Médica de Investigación en la Argentina. Para él, la verdadera pelea, entonces, es por lo que llaman “switching”, la capacidad para intercambiar drogas originales biológicas por biosimilares o biosimilares entre sí.
 
“En países como Australia se puede hacer automáticamente sin aviso al paciente. Pero ¿quién elige si cambiar un original por un biosimilar: la prepaga para ahorrar o el médico que receta. ¿Quién asume los riesgos y convence al consumidor?”, plantea el médico argentino.
 
Las empresas argentinas como Amega, al igual que las surcoreanas y las indias, están sumamente interesadas en el switching porque les permite batallar codo a codo con los medicamentos de referencia. Esta es la antesala de los llamados “países farmaemergentes”: aquellos que buscan aceitar su cintura para el concierto internacional con desarrollos propios que les permitan tener soberanía y control. De hecho, Brasil tiene un programa para que las empresas fabriquen en el país productos de necesidad nacional, utilizando su poder como comprador de fármacos en el mercado.
 
¿Qué se viene para el futuro?
 
Las piezas están en su lugar. La caída de las patentes de estos grandes productos es un hecho y a los players les toca hacer sus jugadas. ¿Cómo piensan, ahora, el negocio quienes durante años invirtieron millones para desarrollar las drogas originales de referencia? “La aparición de biosimilares es un hecho natural del mercado. Y para nosotros en el momento en que aparece un biosimilar, que pasó por todas las etapas que exige la regulación que varían, es un elemento más que está a disposición de médicos y pacientes”, dice Daniel Ciriano, director médico regional de Roche, una de las pocas farmaceúticas que decidió no tener una división de biosimilares.
 
"Elegimos la innovación y no el negocio de los genéricos o biosimilares." -- Daniel Ciriano, director médico de Roche.
 
“A nosotros, en realidad, lo que nos importa es seguir desarrollando innovación. No podemos pensar que nos vamos a quedar con el valor que agregamos a un producto para siempre, aunque haya cambiado drásticamente el mercado”, concede Ciriano, y agrega que “es una decisión estratégica. Para nosotros invertir energía en biosimilares no es cumplir con nuestro mandato estratégico, que es hacer hoy lo que vas a necesitar mañana. Elegimos la innovación y no el negocio de los genéticos o los biosimilares, más allá de lo redituables que puedan ser; no es un tema de rentabilidad para nosotros”, concluye.
 
“La normativa está; el problema de la complejidad molecular está superado. Los precios también son competitivos y ahora hay que convencer al médico de que mi producto es bueno. El Estado y las privadas de salud son los otros grandes interesados. Con la baja de precios, el mercado crece porque más gente accede al tratamiento”, analiza Spitzer. Menos optimista, Prada opina que esto recién comienza.
 
“No tenemos 40 años de caída de patentes, el mercado está verde todavía, pero ahora es el momento de dar la pelea porque están cayendo los blockbuster. Se va a demostrar cuán ágil y cuánta cintura tiene el mercado para generar productos similares.”
 
“Las guías de regulación no son taxativas, sino orientaciones para cada entidad nacional. Nuestro país está tres pasos adelante, a la par de Cuba y México. No es casualidad porque en el contexto regional nuestro país es el único con grandes recursos humanos en biotecnología”, expresa Criscuolo. “Con eso, que es fundamental, buen servicio y precios se puede competir”, cierra.
 
Por su lado, Corley tiene en mente una estrategia diferente. “Sin dudas, la ‘Big Pharma’ se va a meter a este mercado. Creo que siempre hay un lugar para la innovación, la nuestra es que en cada país hay un lab local compitiendo con las multinacionales”, dice. “Un camino posible son los biobetters, que son biológicos o biosimilares con un twist de innovación y valor agregado”, explica.
 
La situación local es prometedora. “La Argentina es uno de los cinco países del mundo donde más del 50 por ciento de la facturación y el 60 por ciento de las unidades de productos farmacéuticos vendidos son fabricados por firmas de capitales nacionales. Pasa en tres países del mundo nada más. Pero en la medida en que no podamos hacer base en la biotecnología esta característica va a desaparecer”, advierte Montes de Oca. El desafío para el mercado local —tanto para grandes tanques farmacéuticos como para empresas pequeñas— es aprovechar la oportunidad comercial y tecnológica que traen los biosimilares.
 
 
Nota publicada en la edición nº 242 (noviembre/2017) de INFOTECHNOLOGY.
 
Fuente: Infotechnology
 
 
Estados Unidos aprueba el benznidazol para el tratamiento de niños con la enfermedad de Chagas
 
La Fundación Mundo Sano, Grupo Insud y Laboratorios Elea tienen el orgullo de comunicar que, el 29 de agosto, la Administración de Alimentos y Fármacos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó la solicitud de nuevo fármaco para el benznidazol del Grupo Chemo. Se trata del primer medicamento aprobado por la FDA para tratar la enfermedad de Chagas.
 
Washington D.C./Buenos Aires/Madrid/Ginebra – 31  de agosto de 2017
 
La Fundación Mundo Sano, Grupo Insud y Laboratorios Elea tienen el orgullo de comunicar que, el 29 de agosto, la Administración de Alimentos y Fármacos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó la solicitud de nuevo fármaco para el benznidazol del Grupo Chemo. Se trata del primer medicamento aprobado por la FDA para tratar la enfermedad de Chagas.
 
El benznidazol es un medicamento esencial para el tratamiento del Chagas, una peligrosa enfermedad parasitaria que afecta a un estimado de 6 a 8 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. La resolución de la FDA otorga la aprobación para el uso de benznidazol en niños de 2 a 12 años de edad, y se continuará trabajando en colaboración con la agencia sanitaria de ese país para expandir la indicación.
 
La historia de este logro comienza en la Argentina, hace varios años atrás, cuando el Ministerio de Salud decidió poner el Chagas en agenda. A inicios del 2011, cuando como consecuencia de que la Argentina y el mundo ya no dispondrían de medicamentos para tratar la enfermedad, el Ministerio de Salud convocó a la industria farmacéutica para pedir que se ocuparan de producir el medicamento. Fue entonces que la Fundación Mundo Sano asumió el riesgo y la responsabilidad de concretar, en un tiempo récord, la  fabricación de benznidazol bajo normas de Buenas Prácticas de Manufactura (GMP, por sus siglas en inglés), para que el medicamento estuviera disponible.
 
Maprimed, la planta química del grupo Roemmers y de INSUD, y Química Sintética, planta química en España de grupo INSUD colaboraron con la producción del principio activo; mientras que Elea se encargó de la fabricación del medicamento. Los datos clínicos fueron aportes de los médicos argentinos referentes en Chagas y se sumó el compromiso de la autoridad sanitaria local (ANMAT) para acelerar el procedimiento de aprobación.
 
Abarax® (Benznidazol) de Laboratorios Elea  fue aprobado en febrero de 2012 y, en marzo, se entregó el primer lote al Ministerio de Salud y a Mundo Sano. En 2013,  la Organización Mundial de la Salud  incorporó el benznidazol al Listado de Medicamentos Esenciales.
 
Actualmente, ese tratamiento cuenta con registro en Argentina, Bolivia, Paraguay, Chile, Honduras, Guatemala y México y fue autorizado a distribuirse por las agencias sanitarias en España, Italia, Suiza, Australia y Canadá. Además, a través del Fondo Estratégico de la Organización Panamericana de la Salud se ha enviado a Venezuela, Bolivia, Colombia y Panamá.
 
El Chagas en Estados Unidos
 
A partir de la definición de la enfermedad de Chagas como problema de salud pública dentro de los Estados Unidos, el Grupo Chemo en colaboración con Laboratorios Elea decidió, a fines del 2013, comenzar a elaborar el comprimido en España e iniciar el proceso de registro en la FDA.
 
Este martes, la agencia aprobó la solicitud de nuevo fármaco para el benznidazol del Grupo Chemo, lo que lo convierte en el primer medicamento aprobado en los Estados Unidos para tratar la enfermedad de Chagas. Anteriormente, la terapia estaba disponible a través de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), pero no contaba con la aprobación de la FDA.
 
“La aprobación del benznidazol representa un hito importante en EE.UU. y una respuesta mundial para hacer frente a la enfermedad de Chagas”, dijo Nick Haggar, CEO del Grupo Chemo. “Estamos muy contentos de tener la oportunidad de satisfacer esta necesidad médica y marcar la diferencia en la vida de los pacientes con Chagas. La resolución de la FDA otorga la aprobación para el uso de benznidazol en niños de 2 a 12 años de edad. Esperamos continuar nuestra fuerte colaboración con la FDA para expandir la indicación”.
 
El Grupo Chemo desempeñó un papel determinante en el registro del benznidazol con la FDA, en estrecha colaboración con su división farmacéutica Exeltis con sede en Estados Unidos, su aliado en responsabilidad social empresarial, la Fundación Mundo Sano, y el apoyo de una organización sin fines de lucro focalizada en el desarrollo de fármacos, la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi, por sus siglas en inglés). DNDi apoyó el registro en Estados Unidos mediante el aporte de conocimientos técnicos sobre el fármaco y el intercambio de datos de ensayos clínicos dirigidos por esta organización. La aprobación del benznidazol contribuirá al acceso de este tratamiento médico y permitirá salvar las vidas de las personas que padecen la enfermedad de Chagas.
 
“Es un gran paso adelante en nuestros esfuerzos para derribar las barreras al tratamiento contra la enfermedad de Chagas. Esto es posible gracias a los médicos que luchan por los pacientes cada día, y a los investigadores y los expertos que trabajan diligentemente para ampliar el conocimiento y la comprensión de esta compleja enfermedad. Es un privilegio celebrar este hito junto a una comunidad apasionada y dedicada. Nuestra labor no ha concluido aún, y continuaremos trabajando de forma conjunta para contribuir a transformar la vida de las personas que sufren la enfermedad de Chagas”, afirmó la doctora Silvia Gold, presidente de Mundo Sano.
 
De acuerdo con los términos de la colaboración entre Chemo, Mundo Sano y DNDi, una parte importante de los ingresos derivados de la venta futura del voucher otorgado por la FDA (PRV, por sus siglas en inglés) se destinará a mejorar el acceso al tratamiento para las personas con la enfermedad de Chagas, y a otras acciones en beneficio de los pacientes.
 
“Estamos orgullosos de trabajar con un talentoso grupo de médicos, expertos y proveedores de servicios de salud para poder garantizar el uso generalizado y el acceso equitativo para todos los pacientes”, dijo Fernando Mateus, presidente de Exeltis USA, Inc.
 
“Muy pocas personas con la enfermedad de Chagas tienen acceso al tratamiento a nivel mundial, y en los Estados Unidos, los que pueden acceder al medicamento son un número muy pequeño”, dijo el doctor Bernard Pécoul, director ejecutivo de DNDi.  “Nuestra esperanza es que el registro de la FDA también impulse a los países endémicos de América Latina, que aún no han registrado el medicamento, a hacerlo. Creemos que esto ayudará a transformar la dinámica de acceso al tratamiento en todo el continente americano”.
 
El Grupo Chemo continuará trabajando en colaboración con Exeltis, Mundo Sano y DNDi para derribar las barreras de acceso al tratamiento de la enfermedad de Chagas. Exeltis será responsable de la distribución del producto en los Estados Unidos, en tanto que Mundo Sano y DNDi continuarán con sus programas y esfuerzos para contribuir a la concienciación y mejorar el acceso de los pacientes al tratamiento.
 
Para saber más sobre la aprobación de la FDA: https://www.fda.gov/NewsEvents/Newsroom/PressAnnouncements/ucm573942.htm
 
Sobre Grupo Chemo
 
CHEMO es una multinacional farmacéutica con más de cuatro décadas de historia y compromiso por preservar y mejorar la salud y el bienestar de las personas. Como grupo integral de las ciencias de la salud, CHEMO desarrolla su actividad en todos los eslabones de la industria químico-farmacéutica y está especializada en la investigación, desarrollo, fabricación, venta y comercialización de principios activos farmacéuticos y medicamentos de uso humano y veterinario. La actividad de Chemo está organizada en tres áreas de negocio sinérgicas: Industrial, Marca y Biotecnología. El Grupo está presente en más de 40 países de Europa, América, Asia y África, y cuenta con más de 6.000 profesionales, una quincena de plantas, 10 centros de I+D, y 33 compañías farmacéuticas afiliadas, que dan servicio a más de 1.150 clientes en 96 países en todo el mundo. Chemo Research con sede en Madrid ha desempeñado un papel esencial en la presentación de benznidazol a la FDA para su evaluación y aprobación. 
 
Para más información: www.chemogroup.com
 
Sobre Exeltis Health Care
 
Exeltis nace fruto de la evolución natural y crecimiento sostenido del negocio farmacéutico CHEMO, grupo integral de ciencias de la salud. Exeltis combina así el conocimiento y experiencia de casi cuarenta años del Grupo, con el espíritu innovador, la diversidad y la excelencia como valores. Con una sólida posición en el mercado de Salud de la Mujer y en otras áreas como Sistema Nervioso Central, Respiratorio, Dermatología y Oftalmología, dispone de una cartera de más de 300 medicamentos. Con presencia en más de 40 países, 4.000 profesionales, 35 afiliadas alrededor del mundo, y una red global de fabricación en Europa, América y Asia, se convierte en una organización con una gran capacidad para desarrollar, producir y facilitar tratamientos a millones de personas de todo el mundo.
 
Sobre Mundo Sano
 
Mundo Sano es una fundación sin ánimo de lucro cuya visión, desde el año 1993, es transformar la realidad de las poblaciones afectadas por las enfermedades tropicales desatendidas. La fundación trabaja conjuntamente con el sector público y privado, la academia y otras organizaciones internacionales buscando mejorar el acceso equitativo a la salud. Con el objetivo de proveer soluciones a las comunidades afectadas y generar conocimiento científico, Mundo Sano lideró en 2012 un consorcio público-privado para producir el benznidazol en Argentina, uno de los dos medicamentos existentes para el tratamiento de la enfermedad de Chagas. Para más información: www.mundosano.org
 
Sobre DNDi
 
DNDi es una organización de investigación y desarrollo sin ánimo de lucro que trabaja para ofrecer nuevos tratamientos para las enfermedades tropicales desatendidas. DNDi participa de forma activa en el desarrollo de nuevos tratamientos y en la detección de nuevos compuestos para la enfermedad de Chagas. DNDi y sus socios presentaron la primera forma de dosificación pediátrica de benznidazol y están llevando a cabo ensayos clínicos para evaluar nuevos regímenes o combinaciones del fármaco. DNDi también está plenamente involucrada en la investigación preliminar de fármacos completamente novedosos para la enfermedad de Chagas.
 
 
Fuente: Oficial de las Compañias
Fundación Mundo Sano, Grupo Insud y  Laboratorios Elea