23 de Noviembre, 2020
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Mundo

La malnutrición sigue constituyendo un desafío

La carga de la malnutrición en todas sus formas sigue constituyendo un desafío para el mundo.

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Según las estimaciones actuales, en 2019 el 21,3% (144,0 millones) de los niños menores de cinco años sufría retraso del crecimiento, el 6,9% (47,0 millones) padecía emaciación [adelgazamiento patológico] y el 5,6% (38,3 millones) tenía sobrepeso. 
 
América Latina y el Caribe alberga 48 millones de personas subalimentadas, después de Asia que tiene al número más elevado de personas subalimentadas en el mundo con 381 millones y África que ocupa el segundo lugar con 250 millones. La prevalencia mundial de la subalimentación (es decir, la tasa general de personas hambrientas), del 8,9 %, ha variado poco, pero los números absolutos vienen aumentando desde 2014. Esto significa que, en los últimos cinco años, el hambre ha crecido al ritmo de la población mundial. 
 
 
A su vez, ello oculta grandes disparidades regionales: en términos porcentuales, África es la región más afectada —y lo es cada vez más—, ya que el 19,1 % de la población está subalimentada. Este porcentaje duplica con creces la tasa de Asia (8,3 %) y de América Latina y el Caribe (7,4 %). Sobre la base de las tendencias actuales, para 2030, más de la mitad de las personas aquejadas de hambre crónica en el mundo se encontrará en África.
 
¿QUÉ ES LA FAO?
 
La FAO (por sus siglas en inglés: Food and Agriculture Organization) es la agencia de las Naciones Unidas que lidera el esfuerzo internacional para poner fin al hambre. Su objetivo es lograr la seguridad alimentaria y nutricional para todos, y, al mismo tiempo, garantizar el acceso regular a alimentos suficientes y de buena calidad para llevar una vida activa y sana.
 
 
Con más de 194 Estados miembros, la FAO trabaja en más de 130 países. La FAO apoya y se adhiere a una serie de convenciones, acuerdos y tratados relacionados con la alimentación y la agricultura. También ayudan a los Estados miembros a desarrollar e implementar normas y directrices, incluido el Codex Alimentarius, administrado por la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que vela por la salud del consumidor y promueve prácticas justas en el comercio de alimentos.
 
Fuente: Revista PARLASUR