El tarifazo de Trump a Brasil afecta al Mercosur
Con la imposición de un arancel del 50% a Brasil, Argentina podrÃa salir beneficiada, aunque la reacción de Lula podrÃa poner en jaque la integración regional

El presidente brasileño Lula, luciendo una gorra que reza "Brasil es de los brasileños", fue fotografiado por su equipo durante una visita a Linhares, en el estado de Espirito Santo el pasado viernes. Este gesto, que resalta su enfoque nacionalista, coincide con un anuncio sorprendente de Donald Trump: a partir del 1° de agosto, se implementará un arancel del 50% a todas las exportaciones brasileñas. Esta decisión tiene un claro trasfondo político, dado que el gobierno de Lula ha estado cada vez más alineado con los BRICS y ha criticado abiertamente la política exterior de Estados Unidos, fortaleciendo sus lazos con naciones como China y Rusia en foros internacionales.
Mientras Brasil se enfrenta a esta complicada situación geopolítica, Argentina podría verse favorecida inesperadamente. Fuentes del Departamento de Comercio estadounidense han indicado que se está considerando un régimen de preferencias arancelarias para Argentina, que podría abarcar hasta el 80% de sus exportaciones actuales, especialmente en sectores agroindustriales y metales básicos. Esta propuesta, aún no formalizada, busca recompensar a los países que mantienen relaciones “constructivas” con EE.UU. en un nuevo contexto global donde los alineamientos estratégicos son tan relevantes como la competitividad.
En 2024, las exportaciones argentinas hacia Estados Unidos alcanzaron los 6.400 millones de dólares, con productos como carne, vinos y limones en su mayoría. En contraste, Brasil exportó 36.000 millones de dólares, siendo su segundo destino comercial después de China. Los productos brasileños incluyen aluminio, acero y café, muchos de los cuales coinciden con la oferta exportable de Argentina.
La Respuesta de Brasil ante el Tarifazo
El gobierno brasileño ya ha manifestado su intención de aplicar aranceles equivalentes sobre las importaciones de EE.UU. si se concretan las medidas de Trump. Lula ha utilizado este conflicto para fortalecer su imagen política, presentándose como un defensor de la soberanía nacional y adoptando una postura de negociación "desde una posición de fuerza" antes de considerar represalias.
El bolsonarismo, por otro lado, ha quedado en una posición desfavorable al asociarse con una alineación incondicional con EE.UU., lo que ha perjudicado a sectores productivos clave en Brasil. Este contexto beneficia al Partido de los Trabajadores (PT) y permite a Lula consolidar su liderazgo en la perspectiva de las elecciones presidenciales de 2026, unificando temporalmente al Congreso en defensa de la economía nacional. Sin embargo, avanzar con esta estrategia podría desencadenar una guerra comercial que afectaría negativamente tanto a Brasil como a la economía estadounidense, así como a los exportadores dentro del Mercosur.
Un Riesgo para la Integración Regional
Aunque Argentina podría beneficiarse de un desvío comercial, un Brasil debilitado podría reducir la demanda intra-Mercosur y la escala de la integración regional. Brasil, junto a China, es uno de los principales socios comerciales de Argentina, y un deterioro en su economía tendría repercusiones en toda la región. Si Brasil decide aumentar unilateralmente los aranceles a las importaciones de EE.UU., utilizando su "lista de excepciones" al Arancel Externo Común, sin un consenso regional, el Mercosur podría enfrentarse a una fractura política y comercial. En este contexto, es probable que el gobierno de Javier Milei rechace cualquier intento de coordinar represalias, manteniendo su postura de apertura irrestricta hacia EE.UU., lo que podría poner en riesgo la lógica del arancel externo común que sostiene la integración regional.
Oportunidades para Argentina en el Nuevo Escenario
A pesar de los riesgos que conlleva una posible ruptura del Mercosur, el desvío de comercio podría representar una oportunidad estratégica para Argentina. Productos que antes se importaban de Brasil podrían ser provistos por empresas argentinas. En el sector de carnes, el mercado estadounidense es exigente pero accesible para quienes cumplen con los protocolos sanitarios. En el ámbito del aluminio, la planta de Aluar podría ganar terreno, y en autopartes, hay proveedores con capacidad ociosa. También hay margen para crecer en la agroindustria, con productos como miel, aceites y jugos cítricos. En el sector de servicios, Argentina exportó más de 1.200 millones de dólares en servicios basados en conocimiento a EE.UU. en 2024, y este flujo podría aumentar con incentivos adecuados.
No obstante, la oportunidad no está garantizada. En Washington, ya se ejercen presiones, especialmente del lobby agropecuario y automotor, para condicionar cualquier beneficio a reformas estructurales y mayor apertura del mercado argentino. Por lo tanto, es crucial que Argentina negocie de manera firme, defendiendo sus intereses y articulando una política industrial orientada al desarrollo. No basta con ser “convenientes” para EE.UU.; Argentina debe aprovechar esta coyuntura para fortalecer su base productiva y generar empleo de calidad.
En un mundo cada vez más fragmentado por bloques, no tener enemigos puede ser una ventaja significativa. Sin embargo, esta ventaja será efímera si no se traduce en un plan a largo plazo que contemple la reconversión de sectores, la mejora de capacidades productivas y la consolidación de mercados externos. Las oportunidades que surgen, cuando aparecen, suelen ser poco frecuentes.
Redacción con información de Visión Desarrollista