Preocupación por la apertura comercial y el impacto en alimentos procesados
La baja de impuestos a importaciones europeas genera incertidumbre en sectores que podrÃan perder competitividad frente a productos extranjeros
A partir de este viernes 1 de mayo, la Argentina comienza a transitar una etapa clave en su inserción internacional con la entrada en vigencia del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Se trata de un cambio estructural que modifica las condiciones del comercio exterior tras más de dos décadas de negociaciones.
La puesta en marcha del tratado implica una reducción inmediata de aranceles para una amplia gama de productos. En términos concretos, bienes que hasta ahora pagaban impuestos elevados podrán ingresar o salir de los mercados con costos significativamente menores, lo que promete dinamizar el intercambio comercial.
El impacto será directo tanto en los precios como en el consumo. La eliminación de tributos sobre determinados productos podría traducirse en una mayor oferta y en una baja de costos para los consumidores, al tiempo que abre nuevas posibilidades para sectores exportadores.
Entre los principales beneficiados aparecen el agro, la energía y algunos rubros industriales vinculados a materias primas. Estos sectores cuentan con ventajas competitivas que podrían potenciarse en el nuevo escenario, especialmente en un contexto global que demanda insumos básicos.
Sin embargo, la otra cara del acuerdo despierta preocupación en la industria local. En particular, los alimentos procesados enfrentan un escenario complejo ante la posibilidad de competir con productos europeos que ingresarán sin aranceles y con estándares consolidados.
La situación se agrava por la falta de preparación estructural de la industria manufacturera argentina. Mientras el sector primario muestra mayor capacidad de adaptación, muchas empresas industriales llegan debilitadas por la inflación, la caída del consumo interno y la falta de estrategias exportadoras.
A esto se suma un contexto internacional desafiante. Europa, afectada por la crisis energética y el aumento del precio del petróleo —que alcanzó los 119 dólares—, busca fortalecer vínculos comerciales que le permitan asegurar el abastecimiento y mejorar su posición económica frente a otras potencias.
Otro punto crítico es la distribución de las cuotas de exportación dentro del Mercosur. El sistema vigente, basado en el criterio de “primero llegado, primero servido”, podría dejar a la Argentina en desventaja frente a socios con mayor capacidad logística, como Brasil.
La falta de reglas claras para la asignación de cupos profundiza la incertidumbre. Sin una reglamentación definida, el acceso a los beneficios del acuerdo podría depender más de la capacidad operativa que de la competitividad productiva.
Redacción con información de C3
En este escenario, el desafío para la Argentina no solo será adaptarse a una mayor apertura, sino también diseñar políticas que permitan fortalecer su entramado industrial. De lo contrario, el acuerdo podría traducirse en un incremento de importaciones sin un correlato equivalente en exportaciones con valor agregado.