13 de Septiembre, 2026
Radio Mercosur
Argentina

Argentina marca un límite al Mercosur

Mientras se intensifican las señales sobre una posible estrategia bilateral, la administración nacional sostiene que la integración global requiere reglas distintas

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El Gobierno argentino intensificó su postura frente al Mercosur y dejó en claro que busca definiciones rápidas sobre el rumbo del bloque. El planteo se apoya en la necesidad de acelerar la inserción en la economía global, en un contexto de apertura comercial.

 
En ese marco, se instaló un clima de tensión que alimenta los rumores sobre una eventual salida o, al menos, un corrimiento estratégico respecto del funcionamiento tradicional del Mercosur. Las señales oficiales sostienen que el país quiere avanzar con socios externos, pero sin quedar sujeto a trabajos estructurales.
 
La administración de Javier Milei viene desplegando un plan de liberalización que modifica las reglas clave del comercio. En los últimos meses se redujeron o eliminaron aranceles de exportación e importación, se eliminaron esquemas de tipos de cambio múltiples para exportadores e importadores y se desactivaron licencias no automáticas.
 
Además, el enfoque oficial alcanzó el área de defensa comercial. En esa línea, no se renovaron medidas antidumping vencidas, en consonancia con una estrategia de mayor competencia y menor proteccionismo.
 
Sin embargo, el Mercosur impone un límite: el arancel externo común. Con un promedio del 11,5 por ciento, el esquema restringe la posibilidad de que Argentina reduzca unilateralmente sus aranceles más allá del margen permitido por el acuerdo. En la práctica, la diferencia con economías como Chile y Perú se vuelve un escote visible para la agenda de apertura.
 
La proyección de los acuerdos comerciales dentro del bloque también aparece como insuficiente. Hasta 2026, el Mercosur había concretado pocos tratados de libre comercio, y el impacto de los nuevos convenios se percibe limitado por disposiciones rígidas y por posibles revisiones institucionales.
 
Argentina ya había comenzado a marcar precedentes al firmar un acuerdo bilateral con Estados Unidos en febrero que eliminó aranceles y aseguró acceso para productos como la carne de res. Ese movimiento abrió cuestionamientos por parte de socios del bloque y dejó en evidencia que las tensiones sobre compatibilidad normativa no son una novedad.
 
En el caso de Uruguay, el debate reapareció en 2022 cuando los miembros del Mercosur advirtieron con acciones comerciales y legales si el país avanzaba con un acuerdo con China. Ese antecedente reforzó la idea de que, más que un camino único, el bloque convive con fricciones recurrentes.
 
En paralelo, crecen las discusiones desde dentro de la región. Brasil, con un peso económico considerable dentro del Mercosur, enfrenta presiones para revisar el modelo, y la oposición plantea la posibilidad de negociar por cuenta propia. En la misma dirección, los datos muestran que la integración industrial y automotriz funciona de manera desigual y con costos para quienes quedan más expuestos.
 
Para el Gobierno argentino, el punto de quietud es la estructura del bloque como unión aduanera rígida, de “todo o nada”. El mensaje es que la continuidad depende de un esquema que permita convertir al Mercosur en una zona de libre comercio más simple, sin un arancel externo común que ate las decisiones y sin veto sobre acuerdos bilaterales.
 
A partir de allí, el ultimátum se presenta como una decisión estratégica: si el Mercosur no se adapta, Argentina podría priorizar la vía bilateral para sostener su inserción global. El argumento remite a experiencias regionales previas, donde un retiro o replanteo del marco proteccionista habilitó una transformación acelerada hacia economías más abiertas.
 
Redacción con información de 617.News